domingo, 26 de junio de 2011

La Celestina, Fernando de Rojas

Archivo:Comedia de Calisto y Melibea, Burgos,Fadrique Alemán, 1499 fol 1r.jpg

La Celestina, Fernando de Rojas

La obra empieza bien y termina mal, ¡muy mal! “No queda ni el apuntador”. Según leí en el ilustrativo  prólogo de Manuel Criado de Val, al libro RTV 75, Biblioteca Básica Salvat, Salvat Editores-Alianza Editorial, 1970, se publicó,  por vez primera, alrededor de   1500, y si bien se desconoce con exactitud la población donde Rojas  ubicó la trama, por los nombres y los detalles de los  lugares  descritos, bien podrían ser cualquiera de estas tres legendarias ciudades españolas:  Salamanca ,Toledo o Sevilla.
La protagonista indiscutible de la obra es Celestina, la vieja alcahueta.  A través de sus llanas sentencias, logra el personaje hacerse, me atrevería a decir, entrañable,  y tal vez hasta llegar a  entenderque  no justificar, sus acciones. Mujer de  baja  extracción social, agudiza el ingenio y se adiestra como curandera, especializándose   en  abortos y composturas de falsos virgos, así como en otras muchas malas artes con el fin de sobrevivir en un mundo cargado de hipocresía, precariedades e infinitas desigualdades sociales y económicas. Se la describe  muy astuta y gran conocedora del alma humana.
La parte más amena de la obra la hallé en los diálogos de la vieja mediadora con los criados de Calisto, cuando planeaban el asunto, ¡qué sentencias, qué sabiduría popular se desprende de los mismos! Los personajes de los enamorados, Calisto y Melibea , los encontré sosos (vacíos). Ahora diría “hedonistas”.
Otro aspecto que destacaría de esta obra es la crítica solapada- así lo estimo -  a la conducta licenciosa del clero y de la utilización que éstos hacen de su condición y estatus como tapadera de sus vicios, así como, también, fuente de ingresos.
Por último, quiero señalar que cuando lees La Celestina se hace imprescindible tener en cuenta el momento histórico de España, en el que fue escrita; es decir, los tiempos álgidos de la Inquisición, el paso de la edad media o feudal a la moderna, y que su autor, Fernando de Rojas,  pertenecía - se dice - a una familia de judíos conversos de La Puebla de Montalbán(Toledo), y fue un gran humanista cristiano, formado en Salamanca .25 de febrero de 1995.

Enero 2013: Después de releer el comentario, he efectuado algunos añadidos y rectificaciones varias. También he leído la, a mi modo de ver,  completísima información sobre Fernando de Rojas  y su obra, hallada en biografíasyvidas.com, algunos de cuyos párrafos transcribiré a continuación y cuya lectura íntegra aconsejo:
Se cree, casi con certeza, que escribió un solo libro, … La primera edición que conservamos de la obra fue publicada anónimamente en 1499, en Burgos, con el título de Comedia de Calisto y Melibea. La obra está escrita como una pieza de teatro, en forma dialogada, y dividida en actos; la primera edición tenía dieciséis actos y las de 1502, tituladas Tragicomedia de Calisto y Melibea, veintiuno. Pese a este carácter de obra dramática, su extensión la hace casi irrepresentable. La obra fue escrita para ser leída en voz alta en un círculo de humanistas u oyentes cultos, los cuales pudieron haber hecho aportaciones; se sabe que el manuscrito circuló bastante antes de que el autor lo entregase a los impresores. Se calcula que de 1499 a 1634 se publicaron 109 ediciones en castellano, no sólo en España sino también en otros países de Europa, donde además fue traducida a diversas lenguas.”
En la Carta del autor a un su amigo, que precedió a la obra en la edición de 1500 (Toledo), Rojas declara que encontró escrito el primer acto y le gustó tanto que decidió completar la obra. Esta afirmación ha sido corroborada por la mayoría de estudiosos de La Celestina: de este modo, el extenso acto I (ocupa cerca de la quinta parte de sus páginas) habría sido escritor por una autor cuya identidad aún no ha sido verificada (Rojas mencionó en la Carta a Juan de Mena y Rodrigo Cota como posibles autores). Rojas también aclaró que los "argumentos" o resúmenes que preceden a cada acto fueron añadidos por los impresores. A esta edición se agregaron, además, once octavas acrósticas escritas por Rojas y, al final del libro, seis octavas escritas por Alonso de Proaza, un humanista que fue el corrector de la edición y que reveló cómo por los acrósticos se puede saber que Rojas es el autor del libro, ya que la Carta del autor a un su amigo no llevaba firma.
La obra sufrió a lo largo de las sucesivas ediciones del siglo XVI innumerables modificaciones y agregados, probablemente no debidos a la pluma de Fernando de Rojas…”
“A pesar de la declarada intención moralizante, y como ocurre en las grandes creaciones, la riqueza significativa de la obra parece desbordar este planteamiento…Rojas trazaría un agrio retrato de una sociedad que se dice cristiana pero que en modo alguno actúa como tal: todos los personajes se mueven por el egoísmo, por el propio interés; a unos los ciega la pasión, a otros las lujuria, a otros la codicia, la envida o el odio; y todos persiguen el dinero o el placer, sin importar su clase social: desde Calisto hasta los rufianes y las prostitutas protegidas por Celestina. Y no es que solamente obren de forma egoísta en la práctica; en muchos casos, como muestran sus palabras, piensan que es así como hay que obrar en el mundo. Antes de arrojarse desde la torre, Melibea no piensa en que su suicidio supondrá su condenación eterna; en su lugar, lamenta amargamente no haber disfrutado más del placer ("¿Cómo no gocé más del gozo"?).
Otras interpretaciones … coinciden también en ver en La Celestina el retrato de una sociedad en crisis: una sociedad que ha perdido ya los valores del antiguo sistema feudal (el honor y la dignidad en los señores, la lealtad en los vasallos, la moral y el concepto de vida cristianos) sin hallar en su lugar ningún otro valor fuera del individualismo. Los jóvenes amantes pasan por encima de su honor y de su dignidad, prescindiendo de los mayores y de los usos sociales; los criados, convertidos en meros asalariados, sólo persiguen su interés; el inframundo celestinesco atiende a lo inmediato y prescinde igualmente de toda moral. La Celestina sería así el reflejo de un mundo en descomposición, aquejado de una crisis tanto de orden moral como social, y del todo incapaz de sustituir los viejos valores arrinconados por otros superiores.”

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15.01.2013  He resaltado en negrita aquellas afirmaciones sobre el posible otro significado o interpretaciones de esta magistral obra atribuida a Rojas. Porque ambas, cualquiera de las dos, según creo, podría aplicarse a la España de hoy:
“… una sociedad que se dice cristiana pero que en modo alguno actúa como tal: todos los personajes se mueven por el egoísmo, por el propio interés; a unos los ciega la pasión, a otros las lujuria, a otros la codicia, la envida o el odio; y todos persiguen el dinero o el placer, sin importar su clase social… Y no es que solamente obren de forma egoísta en la práctica;…, piensan que es así como hay que obrar en el mundo.”
 “…retrato de una sociedad en crisis: una sociedad que ha perdido ya los valores… el honor y la dignidad… la lealtad… la moral y el concepto de vida cristianos) sin hallar en su lugar ningún otro valor fuera del individualismo… reflejo de un mundo en descomposición, aquejado de una crisis tanto de orden moral como social, y del todo incapaz de sustituir los viejos valores arrinconados por otros superiores.”

Viendo el desmantelamiento progresivo de todo aquello que antaño,  treinta y siete años atrás, eran nuestras bases más sólidas, - pienso-si  no estamos –desgraciadamente- en fase similar. ¿Qué fue – me pregunto - de la tradicional familia española, bastión de nuestra sociedad y de aquellos valores y virtudes cristianos que en ella eran inculcados a sus miembros? ¿Qué hemos hecho con los más jóvenes, crecidos en la indolencia, en el derroche de alimento, vestido y divertimentos varios y alejados de las más elementales nociones de civismo y moral, pero, especialmente de Dios, al que  muchos desconocen. Juventud que, en su mayoría, sube embrutecida por el temprano consumo de drogas de toda índole y envuelta de promiscuidad y vacío mental, codiciosa sólo de placeres y de logros o bienes materiales?

Bien podría continuar con la retahíla de cosas que hoy son sólo pasado, pero para mi reflexión estas dos, estimo, son suficientes.