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martes, 31 de marzo de 2009

Crimen y Castigo, de Fedor Dostoievski

Hay dos episodios que me impresionaron , si bien por razones muy distintas. Uno, la narración del asesinato de la vieja usurera y de su infeliz hermana, y la reacción posterior de Rodion Raskolnikow, autor de los mismos, y protagonista indiscutible de esta obra. Un horrendo asesinato premeditado con la finalidad de robar. Aunque, según pienso, la principal causa inconsciente del joven fuera acabar con un sistema injusto, del cual la vieja era digna representación. Acción injustificable ante la sociedad y menos aun para su madre y hermana, creyentes y piadosas mujeres. Para quienes asimilar, que no juzgar la actitud del hijo y hermano resultaba particularmente difícil y penosa . Circunstancias plasmadas magistralmente por Dostoievski.

En cuanto al otro pasaje que me impactó fue el relativo al relato de los “funerales” que Katerina, la madrastra de Sonia, a pesar de su penuria económica organiza en honor de la memoria de su marido, el pobre borracho culpable en buena parte de su triste y mísera condición actual. ¡Resulta realmente sarcástico e impacta el final trágico de este capítulo!
Libro profundo pero que sólo recomendaría para épocas y estado de ánimos alegres. 11 de noviembre de 1995

lunes, 30 de marzo de 2009

Crimen y Castigo, de Fedor Dostoievski(I)

Comencé a leer esta voluminosa novela en julio pasado, pero la dejé. Me angustiaba . Como el libro no era mío, pensé devolverlo. Pero iba demorando su devolución, e interiormente juzgaba la conveniencia de reanudar su lectura hasta el final. En octubre, decidí continuar. A pesar de su extensión, la avidez con la que consumí sus páginas, hizo que la terminase en poco tiempo.

Antes dije que me angustiaba, me refería a las vilezas y miserias, materiales y morales, que rodean a los principales personajes de la obra, que producen al mismo tiempo congoja y conmiseración. De las cuales son digno ejemplo las referidas a Sonia y su familia: un padre alcohólico que, arrastrado por este vicio, se ve hundido en abyecta condición, objeto de burlas y desprecios de sus conocidos y vecinos; que son asumidos por él resignadamente dado que tiene conciencia de los perjuicios que su vicio le reporta y en mayor grado a su familia. La cual está sumida en la precariedad más estricta, hambrienta y enferma, asolados todos sus miembros por las ansias y miedos por las peleas entre el pobre borracho y su desesperada mujer. Quien, de este modo, pretende concienciar en su marido un cambio de conducta, que, sin embargo, sólo logra empeorar la situación hasta hacer intolerable la coexistencia entre todos ellos e induce a la hija a la prostitución para amortiguar, que no evitar, la trájica situación familiar. En fin ¡una patética estampa!
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