miércoles, 25 de enero de 2012

De profundis, Oscar Wilde




Este libro es, en realidad, una extensa carta escrita por  Oscar Wildea lo largo de los dos años que estuvo en  la prisión de "Reading", dirigida a su amante, el joven Alfred Douglas. En la introducción  del libro se indica cómo Wilde hubo de pedir cada hoja nueva, las cuales, una vez escritas, quedaban en poder del director del centro penitenciario. El título y también creo que la decisión de publicarla, ya muerto su autor, fue cuestión de su editor y amigo Robert Baldwin Ross.

El contenido de esta misiva podría, según creo, dividirse en tres apartados. El primero, y desde luego el más extenso es el dedicado por su autor a explicarle, que no reprocharle, a Alfred Douglas, su comportamiento egoísta y sumamente aprovechado, que, desde el primer momento, fue el común denominador de sus relaciones. En este punto me resultó raro, chocante, que siendo Wilde consciente, como se desprende que era, del temperamento violento, egoísta y sobretodo poco sensible y nada espiritual de este sujeto, que, al parecer,  tenía a Wilde como proveedor seguro de fondos y para  arremeter contra su padre, se dejara arrastrar a tan deplorable  final.  Porque Douglas utilizó a Wilde y le dejó olvidado cuando estimó no podía  “sacar” ya nada más de él.

En la segunda parte, ya cercana al final, es cuando hace sus largas reflexiones sobre la figura de Jesucristo.

Y la tercera la dedica a la timorata e irresponsable actitud de la madre de Alfred Douglas.

Libro que te hace reflexionar. Lo tuvo casi todo, y lo perdió todo.¡Pobre Wilde! 17 de enero de 2001

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Años más tarde volvía leer este libro. Y entonces dediqué cinco entradas a comentarlo. Aquí las detallo:

http://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/de-profundis-por-oscar-wilde-julio-2006.html


http://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/de-profundis-y-fin.html

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